105 Aniversario de la creación de la
Provincia Eclesiástica de Costa Rica
105 Aniversario de la creación de la
Provincia Eclesiástica de Costa Rica
El 16 de febrero de cada año celebramos la creación de la Provincia Eclesiástica de Costa Rica. En esta misma fecha, pero del año 1921, fue promulgada la bula Praedecessorum Nostrorum “De nuestros predecesores” por el papa Benedicto XV.
Dicho documento pontificio dispuso la separación eclesiástica de la Diócesis de San José de Costa Rica, liberándola y eximiéndola del derecho metropolitano de la Iglesia Arzobispal de Guatemala. Asimismo, la bula dividió el territorio costarricense —hasta entonces comprendido y atendido por una sola diócesis— en tres circunscripciones eclesiásticas distintas.
Con autoridad apostólica, la antigua Diócesis de San José fue elevada a la categoría y dignidad de Sede Metropolitana, pasando a denominarse Arquidiócesis de San José, la cual comprendería las provincias de San José, Cartago y Heredia.
De igual manera, se erigió la Diócesis de Alajuela, integrada por los territorios de Alajuela, Puntarenas y Guanacaste. El mismo documento pontificio estableció además un Vicariato Apostólico en la provincia de Limón, que abarcaba el territorio de dicha provincia.
Fotografía 01 - papa Benedicto XV
En síntesis, se creó una Sede Metropolitana en San José, con el título de Arquidiócesis, por lo que esta ciudad pasó a ser Ciudad Arzobispal; se erigió la Diócesis de Alajuela, cuya ciudad pasó a ser Ciudad Episcopal; y se estableció el Vicariato Apostólico de Limón.
Para ese entonces, el Internuncio Apostólico, Mons. Juan Bautista Marenco, S.D.B., designó al Pbro. Dr. José Zamora Castro como ejecutor de la bula, quien comunicó oficialmente estas disposiciones apostólicas al pueblo costarricense el 30 de mayo de 1921.
Fotografía 02 - Bula Praedecessorum Nostrorum “De nuestros predecesores” por el papa Benedicto XV.
De esta manera quedó establecida la Provincia Eclesiástica de Costa Rica, como respuesta concreta a la necesidad de fortalecer el desarrollo administrativo, pastoral y espiritual del país. Razón por la cual hoy deberíamos celebrar, con gratitud y solemnidad, este gran don para la Iglesia costarricense.
La creación de la Provincia Eclesiástica no fue un proceso sencillo. Requirió la intervención, el apoyo, la solicitud y el esfuerzo constante de personas que dejaron una profunda huella en la historia eclesiástica nacional. Entre ellas destaca el primer Delegado Apostólico para Costa Rica, Nicaragua y Honduras, con sede en San José: Mons. Juan Cagliero, S.D.B.
Entre sus múltiples aportes, Mons. Cagliero inició el proceso para la erección de las provincias eclesiásticas en El Salvador (1913), Nicaragua (1913) y Honduras (1914), país que obtuvo su provincia eclesiástica en 1916. En Costa Rica, dicho proceso culminó en 1921, como ya se ha señalado (Vílchez Campos, 2021, pp. 94-97).
No puede dejarse de lado la figura del Pbro. Valentín Nalio, antiguo colaborador de Mons. Cagliero, quien estuvo al frente de la Delegación Apostólica entre 1915 y 1917. Asimismo, resulta fundamental mencionar a monseñor Juan Bautista Marenco, O.S.B., quien dirigió la Internunciatura Apostólica de Costa Rica, Nicaragua y Honduras entre 1917 y 1921, y fue pieza clave para culminar el impulso iniciado por Cagliero en 1914.
Igualmente relevante fue el constante apoyo y dedicación del tercer Obispo de San José de Costa Rica, Mons. Juan Gaspar Stork Werth, C.M., quien trabajó estrechamente con los delegados apostólicos, presentando informes y documentación necesarios para la creación de la Provincia Eclesiástica. Lamentablemente, no pudo ver concretado este anhelo, pues falleció repentinamente en diciembre de 1920, apenas dos meses antes de la promulgación de la bula.
Fotografía 03 - Mons. Juan Cagliero, S.D.B.
Fotografía 04 - Mons. Rafael Otón Castro Jiménez.
Una vez creada la Provincia Eclesiástica, fue necesario designar a quienes estarían al frente de las nuevas circunscripciones eclesiásticas.
Como primer Arzobispo Metropolitano de San José fue nombrado Mons. Rafael Otón Castro Jiménez, quien anteriormente había ejercido como Vicario Capitular, Vicario General y Administrador Diocesano de la Diócesis de Granada, en Nicaragua.
Para la Diócesis de Alajuela, fue designado Mons. Antonio del Carmen Monestel, quien había sido Obispo Coadjutor de Comayagua, en Honduras, y Obispo Titular de Sora. Tras la creación de la Provincia Eclesiástica hondureña en 1916, fue nombrado Arzobispo Coadjutor con derecho de sucesión del Arzobispado de Tegucigalpa.
Fotografía 05 - Mons. Antonio del Carmen Monestel
Finalmente, para el Vicariato Apostólico de Limón fue designado Mons. Agustín Blessing Prinsinger, C.M., de origen alemán.
Fotografía 06 - Mons. Agustín Blessing Prinsinger, C.M.
En el caso particular de la Diócesis de Alajuela, Mons. Monestel tomó posesión hasta el 14 de agosto de 1921. Durante los meses previos a su llegada, nombró como delegado, apoderado, oficial, canciller y procurador diocesano al sacerdote español José del Olmo y Salvador, quien en ese momento era cura párroco de San Joaquín de Flores, en Heredia.
La alta estima y confianza que el obispo tenía en sus capacidades pastorales motivó este nombramiento, encargándole la conducción de la diócesis en sus primeros meses de existencia.
En torno a la creación de la nueva Diócesis de Alajuela surgieron algunos comentarios distantes de la realidad y de tono sensacionalista en la prensa de la época, particularmente en el diario La Tribuna. Dicho medio afirmaba que existían diferencias entre el padre Ricardo Zúñiga, entonces cura párroco de Alajuela, y Mons. Monestel, insinuando que este último lo removería del cargo tras asumir la diócesis.
Asimismo, el periódico daba a entender que en Alajuela existían dos bandos: “monestelistas” y “antimonestelistas”, generando una atmósfera negativa tanto para el nuevo obispo como para la comunidad alajuelense.
Ante estas afirmaciones desvirtuadas, el padre José del Olmo envió una carta al director de La Tribuna con el fin de aclarar dichas aseveraciones. En ejercicio del derecho de respuesta, la carta —fechada el 26 de mayo de 1921 y escrita en San Joaquín de Flores— fue publicada íntegramente en el diario del 31 de mayo de 1921, un día después de la publicación oficial de la bula Praedecessorum Nostrorum.
Por su notable valor histórico y por su cercanía temporal a los acontecimientos relacionados con la creación de la Provincia Eclesiástica de Costa Rica y la erección de la Diócesis de Alajuela, se reproduce a continuación de manera íntegra, para su mejor conocimiento y comprensión:
Fotografía 07 - Padre José del Olmo
Señor Director de
La Tribuna
Estimado señor:
Solicito de usted un rinconcito en su importante periódico para poner unas anotaciones a la crónica de Alajuela la titulada “Las primeras dificultades con la creación del Obispado de Alajuela”
Supone su corresponsal —para quien son todos mis respetos— que existe tirantez de relaciones entre el señor presbítero Zúñiga y el señor Monestel, y deduce que Monseñor piensa en remover al señor Cura de Alajuela. Nada más inexacto; en las conversaciones que he sostenido con Monseñor, sobre futuros planes de Gobierno, no he escuchado ni una sola censura contra el P. Ricardo, por el contrario, Monseñor me ha hablado siempre con mucha estima y alto aprecio del señor Cura de Alajuela con quien le ligan, además, afectos viejos y vínculos de sangre.
El P. Ricardo Zúñiga está cierto de eso y hace esfuerzos muy laudables para ayudar al amigo superior Jerárquico. Seguramente el señor corresponsal escucharía el domingo próximo pasado un discurso lleno de sinceridad, de alientos y entusiasmos pro Monestel al P. Zúñiga; no deben, pues existir los rozamientos que se dan como ciertos en la crónica.
El señor corresponsal lamenta, así mismo, la resolución de Monseñor, al elegirme como su Vicario General.
Quiero hacer una aclaración pública sobre esto. No he buscado el favor de Monseñor Monestel, si me alaga la posición ofrecida, estaría más contento con el humilde título de cura de aldea. Desde el primer momento he deslizado el honor y en multitud de ocasiones he suplicado a Monseñor, que prescinda de mi persona para tan alto puesto. Reconozco que tengo pocos años, no me creo suficientemente preparado para cumplir con acierto funciones tan altas y además, tengo un pecado de orígen, soy extranjero y este es el punto más vulnerable y que me puede proporcionar más sinsabores. Claro es, nosotros sostenemos que dentro de la Iglesia la nacionalidad desaparece, tratándose del sacerdocio y consecuentemente con esta doctrina, mis actos siempre han respondido a esta distinción: el individuo español, y como tal, en mi corazón hay mucho cariño para la bandera que simboliza el origen de mi sangre; y el sacerdote católico, y como tal, haciendo abstracción de mi tierra, he procurado fomentar entre mis feligreses, de la mejor manera posible, su amor a la gran causa de la Iglesia; es más, como la función social del sacerdocio debe hacerse sentir en beneficio de la comunidad, he cooperado siempre con mucho gusto en las obras de fomento material, y sin ser costarricense por sangre, he dado pruebas de cariño a esta tierra sumándome a todas las empresas de carácter local.
Yo no sé los motivos que tenga Monseñor para insistir en mi nombramiento y no puedo tampoco ser desagradecido con él, abandonándolo, no; siento verdadera admiración por su persona, lo he tratado íntimamente, conozco su programa de Gobierno, y confieso, que en él he encontrado a un hombre de la ilustración muy completa en las ciencias eclesiásticas, de un corazón muy bondadoso, de celo incansable por la Gloria de Dios, y su plan administrativo, tengo fe, ha de producir grandes beneficios a las Provincias de Alajuela, Puntarenas y Guanacaste.
Es más, se ha pretendido hacer mala atmósfera contra él, alegando, supuesta inflexibilidad y rigorismo con los sacerdotes que queden bajo su jurisdicción, y en su programa hay proyectos que rodearán a sus sacerdotes de muchos prestigios y hasta de comodidades materiales.
El señor corresponsal hace aparecer en Alajuela dos partidos, Monestelistas y antiMonestelistas, en el primero coloca al P. Oña y en el segundo parece poner al P. Zúñiga. Debemos ser respetuosos al escribir, el P. Oña y el P. Zúñiga, como sacerdotes, deben ser Monestelistas; al recibir el sacerdocio, uno y otro prometieron obediencia, sumisión y respeto a su Prelado, y los dos sacerdotes aludidos, muy ejemplares y virtuosos, no pueden desconocer esta obligación.
Con respecto al Gobierno, en honor a la verdad debo reconocer, muy agradecido, ha prestado su concurso valioso y decisivo, y su digno Presidente, don Julio Acosta, como buen hijo de Alajuela, ha manifestado mucho interés por la feliz instalación del nuevo Obispado.
En cuanto a Alajuela, no hay montañas infranqueables, todos los asuntos preparatorios se han resuelto sin ninguna dificultad, haríamos un agravio a los alajuelenses, al suponer siquiera, existiese un grupo pequeño que adversara la fundación del nuevo Obispado; los hijos de Alajuela miran con cariño apasionado todo lo que promueve el bienestar de su provincia, y saben que la presencia del Obispo será un factor decisivo para su progreso ascendente.
Yo invito al señor corresponsal, que hagamos labor para unificar voluntades, prescindamos de “correos de brujas”, y créame, que aunque no pueda ofrecer valiosas cualidades personales, sí tendrán a su disposición la buena voluntad de este humilde sacerdote. Su amigo.
José Del Olmo, Cura de San Joaquín. 26 de mayo de 1921.
Anthony Corrales Esquivel - 16/02/2026
Archivo Diocesano de Alajuela